Rastreando el origen de nuestra visión del Cosmos - La Investigación arqueoastronómica
Algunas Definiciones
Arqueoastronomía, astroarqueología, astronomía cultural, etnoastronomía, historia de la astronomía, ... En estos últimos años, el mundo científico en lengua castellana, y por extensión el público especializado, se ha visto invadido por la aparición de toda una serie de términos, unos ya viejos otros más nuevos, en que de una forma u otra se trataba de relacionar a la vieja ciencia de la astronomía con diversas ciencias del campo de las comúnmente denominadas humanidades (arqueología, historia, etnografía, antropología, historia del arte o filosofía, entre otras) o, más propiamente, ciencias sociales.
Así, por ejemplo, los términos arqueoastronomía y astroarqueología se han venido usando indistintamente en lengua inglesa durante décadas, por investigadores completamente respetables, para cubrir diversos aspectos astronómicos de la arqueología y, como tal, ambos aparecen reflejados en los primeros textos aparecidos en lengua castellana. Sin embargo, la creación por Michael Hoskin del suplemento Archaeoastronomy de la revista Journal for the History of Astronomy –desafortunadamente ya extinto-- ha hecho que desde mediados de los ochenta sea “arqueoastronomía” el término triunfante.

Desgraciadamente, la confusión en la terminología ha traído como consecuencia que un término completamente válido cuando fue propuesto por Hawkins hace más de 20 años para relacionar la orientación de restos arqueológicos con la astronomía, como era el de astroarqueología, haya acabado definiendo aquellas prácticas que relacionan los restos arqueológicos de nuestro planeta con las visitas de supuestos seres extraterrestres, en una repetición de un fenómeno habitual como es la apropiación de terminología científica por parte de pseudocreencias, supercherías y supersticiones, que con el paso de los siglos ha hecho que, por ejemplo, los astrónomos reneguemos de la palabra lógica para definirnos, “astrólogos” (ver sino, biólogos, ecólogos, antropólogos, enologós y un largo etcétera de “tratadores de” ... estrellas, sería en nuestro caso) en beneficio de un prosaico “denominadores de estrellas”.
¿Qué es la Arqueoastronomía?
Pero, ¿qué es entonces la arqueoastronomía? En la History of Astronomy: an Encyclopedia, el Director del Observatorio Griffith de Los Angeles, el “arqueoastrónomo” Edwin Krupp, propone la siguiente definición del término: la arqueoastronomía es el estudio interdisciplinario de la astronomía prehistórica, antigua y tradicional en todo el Mundo, en el marco de su contexto cultural. En este estudio se incluyen tanto fuentes escritas como arqueológicas, abarcando los siguientes tópicos: calendarios; observación práctica; cultos y mitos celestes; representación simbólica de eventos, conceptos y objetos astronómicos; orientación astronómica de tumbas, templos, santuarios y centros urbanos; cosmología tradicional y la aplicación ceremonial de tradiciones astronómicas.
| Se puede comprobar que la definición es bastante amplia y variados los tópicos que abarca. Sin embargo, la “arqueoastronomía” definida de esta forma deja de lado dos áreas importantísimas en que la astronomía se relaciona de lleno con las ciencias sociales, la propia historia de la astronomía y la etnoastronomía. La primera, que tiene ya una larga tradición, se ocuparía propiamente del avance histórico de la astronomía como disciplina científica y de la evolución del pensamiento astronómico desde el punto de vista de las ciencias experimentales y, como tal, no debiera remontarse mucho más allá de la Grecia clásica. La etnoastronomía, por su parte, se ocuparía del estudio desde el punto de vista astronómico de las tradiciones orales de culturas aún existentes en la actualidad y, en opinión de algunos investigadores, de las fuentes escritas (crónicas de conquista, estudios antropológicos antiguos) de culturas extintas, abarcando una serie de tópicos que, en gran parte, coinciden con los de la propia arqueoastronomía. En realidad, las fronteras entre estas tres disciplinas son extremadamente tenues y, de hecho, los cruces de información entre ellas son más la norma que la excepción. | ![]() |
Por este motivo, dos de los máximos exponentes de la arqueoastronomía europea, Clive Ruggles y Stanislaw Iwaniszewski, han defendido desde hace más de una década el uso de un término globalizador, al que se ha dado en llamar “astronomía cultural”, que trataría de incluir cualquier tipo de estudios o línea de investigación en que se relacionase a la astronomía con las ciencias sociales. De ahí, que la agrupación de especialistas de mayor prestigio en el campo se denomine “Sociedad Europea de Astronomía Cultural (SEAC)” www.archeoastronomy.org.
Estado de la Cuestión
Hace poco más de una década que un grupo de científicos entusiastas del Instituto de Astrofísica de Canarias pusieron en marcha una línea de trabajo que era pionera en la investigación española --no así a nivel europeo o mundial--, y que al poco tiempo daría sus primeros frutos en un libro Arqueoastronomía Hispana. Sin embargo, desde entonces, muchas cosas han cambiado en esta disciplina y una de las más importantes ha sido sin duda la sustitución del lenguaje “astronómico” por otro más próximo desde el punto de vista epistemológico al de las ciencias sociales.
No nos engañemos, la arqueoastronomía no es una línea de investigación más dentro de la astrofísica moderna, ni sirve a su fin fundamental cual es el avance del conocimiento físico del Universo. Hoy, por el contrario, la arqueoastronomía es una especialidad que se enmarca de lleno en los estudios antropológicos, al servicio de disciplinas como la arqueología del paisaje (en el sentido totalizador del término paisaje), la historia de las religiones o, lo que viene a ser casi lo mismo, la arqueología del poder. Por tanto, un astrónomo formado únicamente y principalmente como físico o matemático difícilmente podrá encontrar una respuesta adecuada a la mayor parte de las preguntas que se han de plantear o será incluso incapaz de llegar a planteárselas.
En realidad, el tan cacareado carácter interdisciplinario de la arqueoastronomía se debe a la necesidad de dominar una serie de técnicas difícilmente accesibles a los antropólogos, arqueólogos e historiadores, como son la astronomía de posición o la mecánica celeste, cuyas bases epistemológicas, al igual que las del método científico, o herramientas básicas (como la trigonometría esférica), estos especialistas en su mayoría desconocen. En nuestra opinión hace falta un reciclaje casi completo del astrónomo o del antropólogo de turno que deberá convertirse en un verdadero arqueoastrónomo, olvidando muchas de las referencias epistemológicas aprendidas en sus largos años de formación y aprendiendo otras nuevas que le eran completamente desconocidas. Eso no quita para que, en momentos puntuales, un astrónomo reciclado pueda recurrir al consejo de un colega arqueólogo o historiador y viceversa. Pero, no por ello, todo lo que se estudia en arqueoastronomía ha de tener necesariamente el marchamo de interdisciplinariedad.
La arqueoastronomía tiene otro problema importante y es el quedar definida en esa especie de tierra de nadie en que ni los astrónomos, o astrofísicos, la reconocen como propia (aunque esto, afortunadamente empieza a cambiar), ni los arqueólogos o historiadores acaban de comprender muy bien cuál es su utilidad, salvo en casos muy puntuales, al contrario de lo que ocurre con otras facilidades de las ciencias experimentales como, por ejemplo, el uso del C14 en la datación, que son ampliamente aceptadas. Por este motivo, la arqueoastronomía es quizás la única disciplina científica cuyo título (el de arqueoastrónomo) pueden arroparse sin rubor supuestos investigadores de todo tipo que usan, y abusan, de sus poderosas herramientas físicas y matemáticas para proponer teorías históricas absolutamente descabelladas, para horror de arqueólogos y antropólogos, y para nuestra desesperación al comprobar cómo nuestros esfuerzos por obtener un cierto grado de reconocimiento pueden quedar en agua de borrajas por unos pocos miembros destacados de lo que los científicos británicos definen como el lunatic fringe.
La frontera entre lo que es ciencia y lo que no, se debiera basar en la aplicación de reglas tan básicas como la Navaja de Ockham, la formulación más sencilla del Principio de Economía (ante dos respuestas posibles a un problema científico, la más sencilla suele ser la verdadera) que, sin embargo, hemos de reconocer que no son de aplicación universal.
Arqueoastronomía en España. El Presente y el Futuro
El desarrollo de la arqueoastronomía en Europa y singularmente en España ha estado dominado de manera prominente por dos temas fundamentales: el megalitismo y el Egipto antiguo. Aún hoy en día hablar de orientaciones astronómicas o de la relación de estas orientaciones con eventos astronómicos evoca muchas veces hablar de Stonehenge o las pirámides de Egipto. Algo que es muy divertido, pero que limita mucho un tema tan amplio.
Stonehenge
El caso del círculo de piedras megalítico cercano a Salisbury en el suroeste de Inglaterra es paradigmático. Diodoro de Sicilia en la antigüedad clásica ya hablaba de un templo 'esférico' dedicado a Apolo, dios del sol, en las Islas Británicas. Pero hemos de esperar hasta comienzos del siglo XX para que el astrónomo Sir Norman Lockyer, descubridor del helio en el Sol, comprobara que el eje principal del monumento está alineado con la salida del Sol en el solsticio de verano.

Ahora sabemos que el alineamiento también funciona en la dirección contraria, es decir desde fuera del monumento, mirando en ese eje hacia dentro veríamos la puesta del Sol en el solsticio de invierno. Desde entonces una infinidad de estudios, informaciones y aseveraciones de diversa índole y cariz han ido surgiendo de manera regular. Desgraciadamente muchos de ellos, incluido el propio Lockyer, no tenían en cuenta los registros arqueológicos al hacer algunas afirmaciones, que con el tiempo se han demostrado harto desafortunadas. Así, en los años 60 del pasado siglo, Gerald Hawkins propuso, tras realizar complicados cómputos con ordenador, que Stonehenge era un 'observatorio' que permitía predecir la ocurrencia de eclipses solares y lunares. Todo esto, que hoy en día se ha demostrado sin fundamento, no hizo sino alimentar toda una serie de escritos más cerca de la 'prehistoria ficción' que de otra cosa.
A día de hoy se tiende más a pensar en Stonehenge como un unicum, un monumento con una alineación peculiar y sugerente, pero que dado que es el único de su especie, bien pudiera ser que esa alineación fuera casual. De todas maneras, recientemente se ha propuesto que al considerar Stonehenge en el marco del conjunto de estructuras prehistóricas de su entorno, bien pudiera ser un centro ceremonial relacionado con peregrinaciones rituales para conmemorar el mundo de los muertos, con celebraciones importantes en los solsticios de verano e invierno.
La ibérica megalitíca
De todas maneras, con todo lo sugerente que pueda parecernos Stonehenge, no es el único megalito existente y de hecho podemos volver la vista hacia nuestra geografía ya que en la Península Ibérica tenemos algunos de los conjuntos megalíticos más numerosos y con dataciones más antiguas. Además, estos megalitos, desde el punto de vista de la arqueoastronomía tienen una especial relevancia, ya que durante las dos últimas décadas han proporcionado una serie de medidas que han ayudado a comprender algo mejor cómo y por qué se construyeron hace 6.000 años algunos de estos monumentos.
| Gracias, sobre todo, al trabajo del profesor Michael Hoskin, que durante 20 años ha recorrido la Península, ahora disponemos de una imagen precisa de las orientaciones de más de un millar de megalitos. Estos aparecen por toda la Península con mayores concentraciones en ciertas áreas, como el sureste (Granada, Almería), la zona del Alentejo en Portugal o el noreste (Gerona) y vacíos en el Levante. Lo más impresionante en cuanto a la orientación de estos monumentos es que la gran mayoría tiene su entrada enfrentada a la zona este o sureste del horizonte. En concreto en el caso de las 'antas' del Alentejo, para más de un centenar de dólmenes que se midieron, todos estaban orientados de manera que en algún momento coincide su orientación con la salida del Sol en el horizonte. Ésto, dado el alto número de monumentos, parece una prueba de que dicha orientación no es casual sino intencionada, siendo la labor ahora interpretar por qué esa orientación en particular. | ![]() |
Egipto
Algo más firme parece la situación en campos como la Egiptología donde se dispone de fuentes escritas que nos hablan de las creencias y prácticas de este pueblo. Desgraciadamente hasta hace poco los estudios sobre la astronomía del Egipto antiguo estaban dominados por una serie de prejuicios formulados hacia mediados del pasado siglo. La misión Hispanoegipcia, liderada por Juan Antonio Belmonte por parte española, ha contribuido de forma fundamental a romper esos prejuicios y demostrar que la astronomía en el país del Nilo era algo importante y consustancial a sus cultos y ritos.

Esta misión comenzó hace unos años la ingente labor de medir la orientación de cerca de 300 templos y de muchas necrópolis en Egipto. Los resultados no dejan de ser sorprendentes. Una gran mayoría de los templos muestran una orientación relacionada con el Nilo; algo completamente lógico en un país que debe su existencia precisamente a las crecidas de este río. Sin embargo, de manera simultánea, la práctica totalidad de los templos muestra orientaciones astronómicas, bien relacionadas con el Sol (recordemos que éste está en la base de muchos de los cultos a diversos dioses, Re, Amon, Atón, ...) o con las estrellas, como las 'imperecederas' o circumpolares (para los egipcios lo que hoy llamamos el Carro era la constelación de 'Meskhetiu'), uno de los lugares celestes hacia donde los propios faraones querían dirigirse una vez muertos.
Íberos y Celtas
Pero no sólo de megalitos y Egipto vive la arqueoastronomía ni en España ni fuera de ella y hoy en día tenemos mejores conocimientos sobre el uso de la astronomía de otras culturas.
En concreto vamos a mencionar dos muy importantes en la Península Ibérica. La primera es la cultura Ibérica. Desde aproximadamente la mitad del primer milenio antes de Cristo hasta la conquista romana, los íberos se distribuyen por todo el litoral mediterráneo, desarrollaron una cultura original con interesantes influencias de otros pueblos del Mediterráneo como los fenicios, cartagineses o griegos. Estos pueblos construyeron santuarios para rendir culto a sus dioses, que en general están en sitios con una buena visibilidad del horizonte. Las investigaciones recientes han puesto de manifiesto que existe una relación con la salida del Sol en los equinoccios. Un caso especialmente bonito es el del santuario de El Amarejo (Albacete). Allí el arqueoastrónomo César Esteban encontró que en torno a la fecha del equinoccio, el Sol en su salida parece escalar la ladera de un monte que resulta estar en línea con la orientación del santuario. Es decir, en las fechas adecuadas, un sacerdote o un oferente podría observar desde dicho santuario ese fenómeno sobre la ladera del monte lejano. Un fenómeno sin duda sugerente.

Los pueblos celtas de la Península fueron contemporáneos de los íberos aunque la investigación sobre su conocimiento y uso de la astronomía o fenómenos astronómicos está aún en pañales, a pesar que el propio Estrabón menciona que 'mientras los Galaicos son ateos, los Celtíberos y sus vecinos adoran a un dios sin nombre danzando durante toda la noche a la puerta de sus casas en las noches de Plenilunio'.
Algunos casos particulares de orientaciones astronómicas se han estudiado como la posible relación de los famosos Toros de Guisando con la salida del Sol en el equinoccio. Sin embargo nos vamos a detener por un momento en Galicia. Allí, en el área de Campo Lameiro existe una de las muestras de grabados rupestres más interesante de la Península. Estos grabados consisten en figuras geométricas como espirales, además de ciervos, espadas y otras representaciones y han sido datadas desde el Neolítico hasta la Edad del Hierro.
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Entre todos los elementos destaca el ciervo del área conocida como Os Carballos. Es un ciervo enorme, con una datación cercana al 800 a.C. en lo que podríamos considerar el periodo de formación de la cultura galaica. Este ciervo presenta una cornamenta desproporcionada. Si en la naturaleza lo normal es que un ciervo tenga en torno a 7 ó 9 puntas por cuerno, este grabado muestra 12 ó 13 puntas. Además el ciervo presenta otras características entre las que destaca la aparición de tres surcos artificiales justo al lado del final del cuerno derecho. |
Desde el panel donde está situado el ciervo, el único horizonte despejado aparece hacia el sudeste, estando dominado por una montaña lejana. Lo curioso de este horizonte es que en esa zona es donde se sitúan las dos únicas inscripciones rupestres de todo Campo Lameiro, dos rocas en cuya cima se lee 'DIVI' en latín, en posible referencia a los dioses, y una muestra de la pervivencia hasta tiempos romanos de posibles ritos allí realizados. Curiosamente, según se observa desde el ciervo de Os Carballos, la salida más meridional del Sol en el solsticio de invierno ocurre en el horizonte muy cerca de donde está uno de los 'DIVI', mientras el segundo 'DIVI' aparece muy cerca de donde se ve la salida más meridional de la Luna.
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Si volvemos al ciervo y sus cuernas, podemos contarlas de una manera que nos viene sugerida por los tres surcos, es decir contemos tres veces, comenzando por donde están los surcos, nos da el número 37, que es el número de lunas o meses lunares necesarios para acoplar de la manera más simple posible los ciclos solar y lunar. ¿Casualidad? Pudiera ser, pero resulta que a más de 20 kilómetros de allí tenemos un paralelo prácticamente idéntico, lo que nos puede indicar que todo esto no es casual. Además, el hecho de las dataciones nos permite ponerlo en el contexto de la cultura céltica de Galicia y si tenemos en cuenta que uno de los dioses de los Celtas era el dios Cernunnos, cuya representación incluye unos cuernos de ciervo, podríamos empezar a cerrar un círculo de interpretaciones que, sin embargo, aún permanece abierto. |
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Futuro
El futuro de la arqueoastronomía tanto en España como a nivel mundial parece halagüeño, si bien con cautela. La labor de las últimas décadas ha calado de manera que tanto entre los astrofísicos (que se atreven a apoyar estos estudios, incluso económicamente) como entre los arqueólogos se empiezan a tener en cuenta los resultados científicos que depara la investigación arqueoastronómica. El enfoque distinto a la hora de 'ver' un yacimiento, por ejemplo, ya se está incorporando en algunos grupos de Arqueología del Paisaje. Además, sólo hay que pasar por las reuniones que anualmente organiza la SEAC para darse cuenta de la variedad de temas que se tratan y que muchos de éstos no sólo los investigan astrónomos retirados o plenamente consolidados en sus ratos libres, sino que se van incorporando jóvenes de muy diversa procedencia. Si bien no se ha desterrado del todo el estigma del lunatic fringe, todo lo anterior y todo lo que aún queda por investigar auguran un futuro óptimo para el estudio de la astronomía en las culturas.
AUTOR >> J.A. Belmonte (IAC) y César González (UAM)
Créditos
Fotos de J.A. Belmonte, César Esteban y pdm.
Imágenes de "Os Carballos" tomadas de la Concello de Campo Lameiro.
Saber más
Belmonte J.A. (coordinador), 1994, Arqueoastronomía hispana, Madrid.
Belmonte J.A. 1999, Las Leyes del Cielo, Temas de Hoy. Madrid.
Belmonte J.A. y Hoskin M. 2002, Reflejo del Cosmos: Atlas de Arqueoastronomía del Mediterráneo Antiguo, Equipo Sirius, Madrid.
Esteban C., 2003, “La arqueoastronomía en España”, Anuario del Observatorio Astronómico de Madrid, 309-22, Madrid.




















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